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4 de marzo de 2010

¡Qué no nos cuenten más cuentos!

"Todos los días deberíamos de dar gracias a Dios por habernos privado a la mayoría de las mujeres del don de la palabra, porque si lo tuviéramos, quién sabe si caeríamos en la vanidad de exhibirlo en las plazas".

"Las mujeres nunca descubren nada; les falta el talento creador reservado por Dios para inteligencias varoniles"

"La vida de toda mujer, a pesar de cuanto ella quiera simular -o disimular- no es más que un eterno deseo de encontrar a quien someterse"

“Ten preparada una comida deliciosa para cuando él regrese del trabajo (…). Ofrécete a quitarle los zapatos. Habla en tono bajo, relajado y placentero (…)”

“Nunca te quejes si llega tarde, o si sale a cenar o a otros lugares de diversión sin ti. Intenta, en cambio, comprender su mundo de tensión y estrés, y sus necesidades reales (…)”

“Si tú tienes alguna afición, intenta no aburrirle hablándole de ésta, ya que los intereses de las mujeres son triviales comparados con los de los hombres (...)”

“En cuanto respecta a la posibilidad de relaciones íntimas con tu marido, es importante recordar tus obligaciones matrimoniales: si él siente la necesidad de dormir, que sea así, no le presiones o estimules la intimidad. Si tu marido sugiere la unión, entonces accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es más importante que la de una mujer. Cuando alcance el momento culminante, un pequeño gemido por tu parte es suficiente para indicar cualquier goce que hayas podido experimentar. Si tu marido te pidiera prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes (...)”

Todas estas sesudas reflexiones, no son más que una muestra insignificante de las consignas recibidas por nuestras madres y abuelas, que desde las escuelas, los púlpitos y los medios de comunicación, fueron adiestradas para asumir complacidas su papel de madres sacrificadas, entregadas esposas y “reinas del hogar”.

Las niñas de mi generación (hoy cuarentonas), no crecimos adoctrinadas por los mandamientos de la Sección Femenina, pero, a través de los en apariencia inofensivos cuentos infantiles, también fuimos receptoras de mensajes subliminales, a fin de que, desde la más tierna infancia, asimiláramos con naturalidad nuestra condición de inferioridad y subordinación al sexo masculino. Aquellas entrañables historias de nuestra niñez, todavía vigentes, y sus protagonistas, los príncipes valientes y las virginales princesitas, refuerzan la teoría machista de la supuesta superioridad física e intelectual del hombre.

Los príncipes, por su pertenencia al género masculino, son seres inteligentes, intrépidos, juiciosos, valerosos y, por supuesto, viriles (aquí cabría hacer una especial mención a nuestra especie autóctona, el Macho Ibérico, con certificado de calidad y denominación de origen). Por el contrario, las princesas, como cabe esperar del sexo débil, son cautelosas, delicadas, abnegadas, humildes, piadosas y están dotadas de un ilimitado espíritu de sacrificio y entrega a los demás. Pero todas ellas, viven sumidas en una existencia de infelicidad, desamparo y desdichas, hasta que un príncipe libertador las rescata de su trágico destino.

Como ejemplos más significativos, tenemos a la desvalida y paciente Bella Durmiente, que depende del caprichoso beso de un príncipe para volver a la vida; la obediente y sacrificada Cenicienta, ejemplo a seguir para la divina y glamorosa Ana Botella, por “los valores que representa”, entiéndase como valor recibir “los malos tratos sin rechistar”; pero sin duda, la peor de todas, la que mejor personifica el papel reservado por los hombres para las féminas, es la virtuosa y abnegada Blancanieves, que cuando se topa con la casa de los siete enanitos, lo primero que hace es ponerse a limpiar como si hubiera sido poseída por el espíritu de mister Proper. Por supuesto, los pequeños tiranos, cuando regresan del trabajo y encuentran su casa reluciente, proponen de inmediato un ventajoso acuerdo para ambas partes: "Si mantienes la casa para nosotros, cocinas, haces las camas, lavas, coses, tejes y mantienes todo limpio y ordenado, entonces puedes quedarse con nosotros…”. Si la providencial manzana aderezada con venero no hubiera modificado el rumbo de los acontecimientos, la dulce y hacendosa criatura, hubiera terminado sus días extenuada y debilitada por la artrosis, lavando diminutos calzoncillos de por vida.

No permitamos que todas esas princesitas de cuento, frágiles, virtuosas, sumisas y, por descontado, de resplandeciente belleza, se conviertan en referentes para nuestras hijas. Reconvirtamos a las Cenicientas, Blancanieves y demás, en mujeres emprendedoras, resueltas, libres e independientes, que toman las riendas de su vida y deciden por sí mismas. Los tiempos en que nuestra máxima aspiración en la vida era encontrar un marido que nos mantuviera, nos cobijara bajo sus alas y plantara su semillita en nosotras, pertenecen al pasado. En la actualidad, no precisamos de ninguna tutela masculina para caminar por la vida, nuestra felicidad no está ineludiblemente subordinada a la maternidad y no necesitamos de ningún príncipe para comer perdices.

Publicado por Belén Meneses

19 de febrero de 2010

La basura bajo la alfombra

Los detractores de todo lo tocante a la memoria histórica en nuestro país, suelen alegar para justificar su postura que resulta contraproducente para la convivencia rememorar el pasado, que la historia debe permanecer sepultada en el olvido para no remover viejas heridas, porque el olvido es la raíz de la reconciliación. Pero la historia no es una metódica enumeración de acontecimientos cronológicos. La historia la construyen personas con sus vivencias, sus padecimientos, sus alegrías o sus desdichas… Y resulta, que muchos de esos hombres y mujeres protagonizaron la etapa más trágica y convulsa de nuestro pasado colectivo. Son pedacitos vivientes de nuestra historia que aún permanecen entre nosotros; seres humanos que tienen nombre y apellidos; habitan nuestras ciudades y caminan por nuestras calles; conservan sus sueños, deseos, esperanzas, ilusiones, temores, preocupaciones… Es el anciano que se sienta a nuestro lado en el autobús, que después de toda una vida lejos de su patria, regresó del exilio para pasar sus últimos años en la tierra que lo vio nacer; es el vecino del tercero, que todavía conserva en su cuerpo y en su alma las cicatrices de las torturas padecidas en las siniestras comisarías franquistas; es la señora María, que pese a su avanzada edad y a los años transcurridos, todavía se le humedecen los ojos cuando recuerda la noche en que cuatro individuos con camisas azules, arrancaron a su padre de su lado y jamás volvió a saber de él. Son las víctimas de una derrota que se prolongó durante casi cuatro décadas. Son los daños colaterales de una Ley de Amnistía que, si bien se promulgó con una clara voluntad de concordia y reconciliación, lo cierto es que colocó en plano de igualdad a los presos políticos y a sus carceleros, equiparó a víctimas y a verdugos y malogró toda posibilidad de justicia con los represaliados de la dictadura. Pero no se puede esconde la basura eternamente debajo de la alfombra porque, tarde o temprano, alguien la descubrirá y la sacará de su escondrijo.

Todos estos supervivientes de la historia, son testigos, incómodos para muchos, de que en nuestro país se vulneraron sistemáticamente los derechos humanos más elementales, mediante persecuciones, torturas, desplazamientos forzosos, encarcelamientos, desapariciones, asesinatos… Son los testimonios vivientes que acreditan como en la España de Franco se cometieron impunemente lo que la Corte Penal Internacional define como “crímenes contra la humanidad”, una de cuyas características es su naturaleza imprescriptible. Como consecuencia de la Ley de Amnistía promulgada en 1977, no sólo los crímenes cometidos durante la dictadura quedaron impunes, sino que además, se da la paradoja de que, treinta y cinco años después de la desaparición física de su máximo instigador, los herederos ideológicos de quienes los perpetraron, pueden sentar en el banquillo al único juez que ha pretendido investigarlos.

La decisión del Tribunal Supremo de admitir a trámite una querella de Falange Española de las JONS y de dos asociaciones de corte ultraderechista (Manos Limpias y Libertad e Identidad) contra el juez Baltasar Garzón por prevaricación, no sólo ha provocado la censura de buena parte de jueces y letrados y el rechazo de la fiscalía del Estado, sino que el pasmo y la estupefacción han traspasado nuestras fronteras. Es preciso poseer gran poder de convicción y aplicar una enorme dosis de pedagogía, para argumentar frente a la comunidad internacional, cómo el magistrado que puso contra las cuerdas a Pinochet y logró procesar y encarcelar por genocidio al ex militar argentino Adolfo Scilingo, pueda ser apartado de la carrera judicial por investigar los crímenes comedidos en su propio país.

No soy profesional del Derecho y por lo tanto, existen fundamentos de la legislación y argumentos jurídicos que escapan a mi conocimiento. Pero conozco el significado de la palabra prevaricar, que la RAE define como “el delito que consiste en dictar a sabiendas una resolución injusta”; injusto es algo no justo, no equitativo; equidad, es dar a cada uno lo que merece. Por consiguiente, si al juez Gazón se le imputa un delito de prevaricación por intentar investigar las desapariciones del franquismo, ¿debemos deducir que es injusto intentar esclarecer el paradero de miles de españoles desaparecidos durante la guerra y la dictadura? ¿Quiere esto decir que los cadáveres de las cientos de personas sepultadas en caminos y cunetas, están donde se merecen y allí deben seguir?

Pero en este controvertido asunto, el meollo de la cuestión no es si salir en defensa de Garzón o esperar el momento de su caída para descorchar una botella de cava. Baltasar Garzón, convive a diario con la contradicción de ser tan odiado como venerado por entusiastas y detractores. Los mismos que lo elevaron a la categoría de héroe cuando intentaba procesar a Felipe González, lo transformaron en el más ruin de los villanos cuando el objetivo de sus pesquisas han sido los crímenes del franquismo o la trama corrupta del caso Gürtel. El trasfondo del asunto, lo verdaderamente relevante, lo que como sociedad deberíamos plantearnos con madurez y sin complejos, es si a las víctimas y a sus familias les asiste el derecho de exigir la justicia que, una y otra vez, les ha sido negada. Tal vez, haya llegado el momento de sacar la basura de debajo de la alfombra.


Publicado por Belén Meneses

21 de octubre de 2009

Ara més que mai, "fets i no paraules"

La millor defensa és un bon atac. Això és el que va intentar fer la setmana passada el director de la Fundació Trias Fargas, però, uns dies després, alguns l'han fet veure que no hi ha "mantes per destapar". Aquells que presumeixen de "patriotisme" i volen abanderar el catalanisme nacionalista, ara es veuen obligats a "col.laborar sense límits" per aclarir què va passar amb els 7 convenis que Millet va signar, saltant-se la junta de govern de la Fundació del Palau i en nom de les prerrogatives que com a president creia tenir. Convenis que, cal dir, encara no han aparegut.

I són tots aquests els que creuen que podrien governar Catalunya millor que el PSC?

Ës necessari fer exercicis de memòria i repassar com ens ha anat els últims anys, amb governs d'esquerres i progressistes, que han treballat per aconseguir més i millors serveis, per modernitzar lleis o fer-ne de noves adaptant-les a una societat que vol i mereix ser moderna, justa, competitiva, educadora, i un llarg etcétera de valors que ens han d'identificar i satisfer com a catalans i catalanes.

La perseverança i serietat del President de la Generalitat i Primer Secretari del PSC, José Montilla, han fet que avui tinguem un sistema de finançament que significarà una injecció de 35 mil milions d'euros fins 2013. Això vol dir que Catalunya continuarà tenint més i millors serveis que ens permetin viure amb la qualitat de vida que mereixem i que ens situïn en posició per continuar competint en l'economia globalitzada que ens trobem immersos.

Aquells que volen abanderar el sentiment catalanista s'han oblidat que estimar implica respectar, i no és de respecte aprofitar-se'n de subvencions que, en comptes de destinar-se al foment de la cultura tradicional catalana,, paguin campanyes convergents.

Fets i no paraules, President Montilla, això és el que volem els catalans i les catalanes i és el que vosté ha defensat i demostrat a Catalunya.

Publicado por Ana Mª Martínez

16 de septiembre de 2009

Nuestros símbolos y el quid de la cuestión

Asegura Mariano Rajoy, con esa locuacidad que le caracteriza, que el puño en alto (gesto de solidaridad entre los trabajadores) es lo mismo que el saludo fascista (símbolo de sumisión a un líder totalitario). Así, tal cual, sin inmutarse. “Porque yo lo valgo”. Es esa tendencia natural de la derecha social y mediática de meterlo todo en el mismo saco, que les induce incluso a situar en un plano de igualdad la bandera tricolor de la República y la adoptada por Franco durante la dictadura, obviando que la primera representa la legitimidad de un sistema político surgido de la voluntad popular, mientras que la segunda es la insignia que encarna la ilegalidad de un régimen impuesto por las armas.

Este sin vivir que parece aquejar a los populares, ha sido motivado por la celebración de un acto del Partido Socialista donde se cantó La Internacional, puño en alto por parte de algunos de sus dirigentes más destacados. Este mitin organizado en la localidad leonesa de Rodiezmo, lugar escogido por el presidente Zapatero para escenificar el inicio del curso político, (recordemos que su antecesor hacía lo propio en Quintanilla de Onésimo, pueblo del fundador de las JONS, donde jugaba una partidita de dominó con los amigos), viene celebrándose año tras año desde que el PSOE ganó las elecciones allá por 2004, sin que hasta el momento ningún comisario político del PP se percatara de los peligros inminentes que se acechaban sobre la convivencia pacífica entre los españoles. España se rompía, sí, pero las causas eran tan variopintas como la negociación del Estatut catalán, la asignatura de Educación para la Ciudadanía, los matrimonios entre personas del mismo sexo o la Ley de la Memoria Histórica. Ningún vigía del Partido Popular achacó el desguace de la patria a los tradicionales símbolos de la izquierda ¿Qué ha cambiado, pues, en esta ocasión para que el desasosiego y la preocupación se hayan instalado tan repentinamente en las filas de la derecha?

Si comparamos la foto de este año con la de ediciones anteriores, nos encontramos que la única diferencia radica en la presencia de dos mujeres del Partido Socialista en el acto de pasado mes de agosto. ¿Cabe la posibilidad de que los puños en alto la ministra Bibiana Aído y la Secretaria de Organización Leyre Pajín hayan estimulado ese tufillo machista que desprende la rancia derecha española? ¿O quizás lo que se ha puesto en evidencia es la nostalgia de los tiempos en que levantar el puño y cantar La Internacional suponía acabar con los huesos en la cárcel?

Tengo que admitir que no confiero a los símbolos más utilidad que la meramente práctica, aunque comprendo y respeto profundamente los sentimientos de quienes les otorgan una importante carga ideológica. Personalmente, ni se me saltan las lágrimas escuchando los compases de ningún himno, ni me emociono ante el paso de bandera alguna. No me motivan lo más mínimo los debates identitarios y los nacionalismos exacerbados, de cualquier tendencia, me parecen estériles y anacrónicos. No obstante, es incuestionable que cada uno de nosotros estamos vinculados a grupos sociales que encarnan nuestras tendencias, aspiraciones, reivindicaciones, identidades o ideologías, personificados por símbolos, ya sean banderas, himnos, escudos o logotipos.

El Partido Socialista, en sus inicio simbolizado con un yunque, un libro y una pluma, adoptó en los años 70 el puño y la rosa, símbolo acogido previamente por los socialistas franceses tras el mayo del 68. La Internacional, al margen de sus varias versiones adaptadas por los partidos socialista o comunista, está considerado el himno de los trabajadores de todo el mundo. No obstante, en vista de la intranquilidad que parece aquejar a los dirigentes populares, y a fin de velar por la concordia y la convivencia política, propongo a la dirección nacional de nuestro partido que encomiende a los ideólogos de la FAES la elaboración de un código deontológico, que recoja que símbolos podemos o no utilizar los socialistas en nuestros actos públicos.

Pero obviando el componente humorístico y centrándonos en el trasfondo del asunto, tengo la sospecha de que detrás de estas insólitas ocurrencias tan mediaticamente escenificadas, bajo ese fingido estupor por algo tan trivial que viene repitiéndose durante años, se oculta una cuestión de mucho más calado: el propósito deliberado de la derecha de caminar hacia la uniformidad ideológica. Hacia la consecución de su ideal de una sociedad encaminada al pensamiento único, los líderes de la derecha no escatiman oportunidades para promulgar su modelo de sociedad carente de ideologías antagónicas, tratando de infundir en la ciudadanía la idea de que la izquierda y la derecha son conceptos anticuados, que no existen diferencias de calado entre las políticas de unos y de otros, que todo es lo mismo… Y para lograr su objetivo no dudan en emplean grotescas artimañas para intentar deslegitimar nuestros símbolos, nuestros referentes, nuestra identidad…

En nuestra mano está que fracasen en sus objetivos. Manteniéndonos fieles a nuestro código ético, reafirmando nuestras convicciones, fortaleciendo nuestro perfil ideológico y nuestras señas de identidad como partido de izquierdas, podremos acreditar por que hemos conseguido mantener la confianza de los ciudadanos y las ciudadanas, incluso en los momentos más difíciles, a lo largo de nuestros 130 años de historia. Al contrario que tantos miembros de la derecha que reniegan en voz alta de su ideología (siempre me he preguntado por qué la derecha española niega ser de derechas), nosotros no nos avergonzamos de lo que somos, ni negamos nuestra identidad ni nuestra historia. Por eso levantamos el puño si nos apetece y cantamos La Internacional cuando se nos antoja, mientras otros no se atreven a levantar la mano y cantar el Cara al Sol, aunque se mueran de ganas de hacerlo. Y así seguiremos, pese a quien pese.

Publicado por Belén Meneses

3 de septiembre de 2009

Los impuestos, un mal necesario


El artículo 1º. del Título Preliminar de la Constitución Española de 1978 dice: “España se constituye en un Estado social y democrático de derecho”. Todos entendemos que el legislador quiso decir con Estado Social aquel en el que todos los ciudadanos contribuyen en la justa medida de sus posibilidades al correcto sostenimiento del Estado. Y al decir sostener el Estado no me refiero solo al mantenimiento de las administraciones, sino al Estado del Bienestar que en España disfrutamos actualmente.

Hay situaciones cotidianas a las que, por comunes o habituales, no les concedemos ninguna importancia, pero la tienen ¡y mucha! Por ejemplo, la cobertura sanitaria a la totalidad de la población; el progreso en el sistema de pensiones; las prestaciones por enfermedad o desempleo; la educación obligatoria y subvencionada o gratuita hasta los 16 años; la educación superior en universidades públicas; la ampliación de la red viaria con abundantes autovías libres de peaje; las prestaciones económicas de tipo social (guarderías municipales, residencias para la tercera edad, ayudas económicas a la maternidad, ley de dependencia, y un largo etcétera) y, en definitiva, un conjunto de mejoras inimaginables hace tan sólo 40 años.

Paralelamente hay que entender y tener muy claro que para conseguir y mantener todo lo anterior, los gobiernos sólo tienen un medio: el sistema impositivo, es decir, LOS IMPUESTOS. A todos nos disgusta pagar el IVA en cada artículo que consumimos. Cuando llega la época de declarar el IRPF andamos como posesos recordando y buscando gastos o inversiones que nos puedan desgravar. Y lo mismo se puede aplicar a los tributos de carácter local (IBI, basuras, etc.). En resumen, en todo Estado moderno los impuestos son necesarios e imprescindibles, otra cuestión es su control; quién paga, quién no paga, las bolsas de fraude fiscal, los paraísos fiscales, etc. Es una lucha constante de todos los gobiernos erradicar, o al menos paliar, la figura del ciudadano que además de no pagar, se enorgullece de ello.

Hay un claro ejemplo de la enorme utilidad social de los impuestos. En nuestro país, escuchamos decir con frecuencia que con el régimen anterior apenas se pagaban impuestos, y es cierto, ya que prácticamente no había ninguna prestación social. Si no se atendían las necesidades de la población, no era necesario ningún tipo de recaudación. Pero, ¿verdad que no es eso a lo que aspiramos?

En una situación económica como la actual, en la cual se producen cierres de empresas, ERE’s que afectan a muchos trabajadores, pérdida del poder adquisitivo y reducción del consumo, las administraciones ven recortados seriamente sus ingresos, con lo cual es de lógica elemental que el Gobierno, para intentar mantener todas las prestaciones sociales descritas anteriormente, recurra al incremento (puntual y temporal) de determinados impuestos. Es de justicia social hacer cumplir el viejo axioma de “que pague más quien más tiene”.

Naturalmente que la oposición brama, ruge y vocifera alegando la incompetencia del actual equipo de gobierno y que, por supuesto, si estuviesen ellos en el poder, no sólo estaría la crisis totalmente resuelta sino que “ataríamos los perros con longanizas”. Quizá habría que recordarles quien originó la actual crisis, depresión, deflación o como quieran llamarla.No obstante y aprovechando esta justificación a la campaña fiscal del actual gobierno, quisiera introducir una reflexión por si algún político leyese estas líneas. Transcurridos ya 30 años de ayuntamientos democráticos, y teniendo en cuenta que los actuales regidores y regidoras cuentan con un buen bagaje empírico e intelectual, sería el momento que, a imitación de los países del norte de Europa, se transfiriese a los gobiernos locales la prestación de muchos servicios que actualmente dependen de los gobiernos centrales y autonómicos (que en muchas ocasiones son desempeñados de hecho por los propios ayuntamientos), con la consiguiente capacidad recaudatoria.

Publicado por José Segura

1 de septiembre de 2009

El PP y su insufrible canción del verano

Uno de los pequeños inconvenientes de la época estival, junto a los fastidiosos mosquitos y las insoportables noches de asfixiante calor, es, sin duda, la canción del verano. Esa melodía machacona y cansina que nos persigue y atormenta llegando a convertirse en un verdadero suplicio para nuestros oídos; que nos vemos obligados a escuchar nos guste o no; que suena en cualquier parte y a todas horas, acompañada de ridículos bailes o de coreografías imposibles. Pues bien, en este sofocante verano del 2009, todos los intérpretes del partido supuestamente liderado por Mariano Rajoy, se han entregado con fervoroso afán a la tarea de mortificarnos en nuestras merecidas vacaciones veraniegas, con su insufrible y estridente cancioncilla del verano.

Como un coro desafinado y patético, los Rajoy, Cospedal, Arenas, Trillo & Company, nos han torturado con su machacona cantinela de partido perseguido y hostigado por jueces, fiscales y policías al servicio del Gobierno socialista y su régimen dictatorial, hasta chirriarnos los oídos con sus irritantes estribillos. “Rubalcaba nos vigila, Zapatero nos asedia, De la Vega nos acosa… Socialistas a la rue, populares al poder y a otra cosa mariposa”. Noches y días soportando la misma matraca en terrazas, campings y chiringuitos de playa.

No es que nos haya pillado por sorpresa las recurrentes y burdas intrigas conspirativas del Partido Popular. Ya sufrimos sus intrigantes maquinaciones en torno a la masacre del 11 de marzo que precedió a la victoria del Partido Socialista en las elecciones generales de 2004, nunca asumida por los populares y sus medios afines. Durante casi cuatro años nos levantamos cada mañana con sus desiertos lejanos, montañas remotas, falsas mochilas y cassettes de la Orquesta Mondragón como pruebas inapelables de la conspiración entre ETA, Zapatero, el rey de Marruecos, la policía e Iñaki Gabilondo, con el único propósito de desalojar al Partido Popular del poder, que, como todos sabemos, les pertenece por designación divina. Y cuando sus delirantes fantasías parecían cosa del pasado, vuelven a retomar de nuevo sus paranoicas teorías para intentar convencernos de la infinita mezquindad del pérfido ZP que no tiene otro objetivo en la vida que destruir a su enemigo, el honrado y bondadoso Mariano Rajoy. Y si no fuera porque se trata de un partido político supuestamente serio con un presunto líder que aspira a presidir este país, sería para morirse de risa.

Afortunadamente, la fortaleza de nuestro Estado de derecho está por encima de las mamarrachadas y las rabietas del Partido Popular; sin embargo, eso no quita para que sus difamaciones y sus falsedades deban quedar impunes. Se han vertido acusaciones demasiado serias contra nuestras instituciones democráticas como para permanecer impasibles ante esa política goebbeliana de mentiras y manipulación en la que los dirigentes populares se sienten como peces en el agua. Por responsabilidad e higiene democráticas, la fiscalía del Estado debería intervenir para que las canciones veraniegas del PP no vuelvan a torturar nuestros oídos hasta incrustarse en nuestro cerebro y deshacerlo. Porque en política, no todo vale.

Publicado por Belén Meneses

26 de junio de 2009

Adiós a un hombre bueno


El pasado 19 de junio nos dejó para siempre Vicente Ferrer. Su desaparición supone quedarnos sin alguien que, sin duda alguna, pasará a engrosar y dar brillantez a la reducida lista de Grandes Figuras de la Humanidad. Nosotros, los firmantes de este escrito, queremos aportar nuestro humildísimo homenaje a una persona magnífica, excepcional, grandiosa, humanista, tolerante, solidaria…

De su intensa biografía, destaca su infancia en Barcelona, su militancia en el POUM, la llamada a filas del bando republicano durante la Guerra Civil cuando sólo contaba 16 años, su internamiento en los campos de concentración de Argelés-Sur-Mer en Francia y el de Betanzos en Galicia, los estudios inacabados de Derecho y sobre todo, el viaje a la India que marcaría su vida.

Vicente Ferrer optó por la Compañía de Jesús para desempeñar su vocación de ayuda a los demás, sin embargo, ante la disyuntiva de elegir entre el celibato obligado impuesto por la Iglesia católica (además de algunas divergencias surgidas con los dirigentes de la Orden) o la posibilidad de formar una familia, optó por lo segundo. En 1970 se casó con la periodista inglesa Anne Perry, con quien tendría tres hijos y compartiría una vida de trabajo y entrega a los más necesitados.

El tratamiento mediático que se ha dado a la vida y la muerte de Vicente Ferrer, merece una profunda reflexión. Mientras la figura de este hombre ejemplar pasa casi de puntillas por todos los medios de comunicación, la de los deportistas supermillonarios es ensalzada hasta la saciedad por toda la prensa escrita y audiovisual, anteponiendo el culto a un materialismo salvaje a los valores de humildad, solidaridad y ayuda al prójimo. ¿Es ese el mensaje que queremos transmitir a nuestra juventud? ¿Es el ejemplo de sociedad que queremos legar a nuestros descendientes?

Hay ya voces que piden su canonización y toman posiciones para la concesión del Nobel de la Paz. Nosotros, modestamente, proponemos que dejen la figura de Vicente Ferrer en paz, puesto que sería una terrible injusticia colocarlo en un plano de igualdad con personajes tan siniestros como José Mª. Escrivá de Balaguer o Henry Kissinger. Vicente Ferrer está donde tiene que estar, muy por encima de santos y nobeles.

Publicado por: Belén Meneses y José Segura