21 de octubre de 2009

Ara més que mai, "fets i no paraules"

La millor defensa és un bon atac. Això és el que va intentar fer la setmana passada el director de la Fundació Trias Fargas, però, uns dies després, alguns l'han fet veure que no hi ha "mantes per destapar". Aquells que presumeixen de "patriotisme" i volen abanderar el catalanisme nacionalista, ara es veuen obligats a "col.laborar sense límits" per aclarir què va passar amb els 7 convenis que Millet va signar, saltant-se la junta de govern de la Fundació del Palau i en nom de les prerrogatives que com a president creia tenir. Convenis que, cal dir, encara no han aparegut.

I són tots aquests els que creuen que podrien governar Catalunya millor que el PSC?

Ës necessari fer exercicis de memòria i repassar com ens ha anat els últims anys, amb governs d'esquerres i progressistes, que han treballat per aconseguir més i millors serveis, per modernitzar lleis o fer-ne de noves adaptant-les a una societat que vol i mereix ser moderna, justa, competitiva, educadora, i un llarg etcétera de valors que ens han d'identificar i satisfer com a catalans i catalanes.

La perseverança i serietat del President de la Generalitat i Primer Secretari del PSC, José Montilla, han fet que avui tinguem un sistema de finançament que significarà una injecció de 35 mil milions d'euros fins 2013. Això vol dir que Catalunya continuarà tenint més i millors serveis que ens permetin viure amb la qualitat de vida que mereixem i que ens situïn en posició per continuar competint en l'economia globalitzada que ens trobem immersos.

Aquells que volen abanderar el sentiment catalanista s'han oblidat que estimar implica respectar, i no és de respecte aprofitar-se'n de subvencions que, en comptes de destinar-se al foment de la cultura tradicional catalana,, paguin campanyes convergents.

Fets i no paraules, President Montilla, això és el que volem els catalans i les catalanes i és el que vosté ha defensat i demostrat a Catalunya.

Publicado por Ana Mª Martínez

16 de septiembre de 2009

Nuestros símbolos y el quid de la cuestión

Asegura Mariano Rajoy, con esa locuacidad que le caracteriza, que el puño en alto (gesto de solidaridad entre los trabajadores) es lo mismo que el saludo fascista (símbolo de sumisión a un líder totalitario). Así, tal cual, sin inmutarse. “Porque yo lo valgo”. Es esa tendencia natural de la derecha social y mediática de meterlo todo en el mismo saco, que les induce incluso a situar en un plano de igualdad la bandera tricolor de la República y la adoptada por Franco durante la dictadura, obviando que la primera representa la legitimidad de un sistema político surgido de la voluntad popular, mientras que la segunda es la insignia que encarna la ilegalidad de un régimen impuesto por las armas.

Este sin vivir que parece aquejar a los populares, ha sido motivado por la celebración de un acto del Partido Socialista donde se cantó La Internacional, puño en alto por parte de algunos de sus dirigentes más destacados. Este mitin organizado en la localidad leonesa de Rodiezmo, lugar escogido por el presidente Zapatero para escenificar el inicio del curso político, (recordemos que su antecesor hacía lo propio en Quintanilla de Onésimo, pueblo del fundador de las JONS, donde jugaba una partidita de dominó con los amigos), viene celebrándose año tras año desde que el PSOE ganó las elecciones allá por 2004, sin que hasta el momento ningún comisario político del PP se percatara de los peligros inminentes que se acechaban sobre la convivencia pacífica entre los españoles. España se rompía, sí, pero las causas eran tan variopintas como la negociación del Estatut catalán, la asignatura de Educación para la Ciudadanía, los matrimonios entre personas del mismo sexo o la Ley de la Memoria Histórica. Ningún vigía del Partido Popular achacó el desguace de la patria a los tradicionales símbolos de la izquierda ¿Qué ha cambiado, pues, en esta ocasión para que el desasosiego y la preocupación se hayan instalado tan repentinamente en las filas de la derecha?

Si comparamos la foto de este año con la de ediciones anteriores, nos encontramos que la única diferencia radica en la presencia de dos mujeres del Partido Socialista en el acto de pasado mes de agosto. ¿Cabe la posibilidad de que los puños en alto la ministra Bibiana Aído y la Secretaria de Organización Leyre Pajín hayan estimulado ese tufillo machista que desprende la rancia derecha española? ¿O quizás lo que se ha puesto en evidencia es la nostalgia de los tiempos en que levantar el puño y cantar La Internacional suponía acabar con los huesos en la cárcel?

Tengo que admitir que no confiero a los símbolos más utilidad que la meramente práctica, aunque comprendo y respeto profundamente los sentimientos de quienes les otorgan una importante carga ideológica. Personalmente, ni se me saltan las lágrimas escuchando los compases de ningún himno, ni me emociono ante el paso de bandera alguna. No me motivan lo más mínimo los debates identitarios y los nacionalismos exacerbados, de cualquier tendencia, me parecen estériles y anacrónicos. No obstante, es incuestionable que cada uno de nosotros estamos vinculados a grupos sociales que encarnan nuestras tendencias, aspiraciones, reivindicaciones, identidades o ideologías, personificados por símbolos, ya sean banderas, himnos, escudos o logotipos.

El Partido Socialista, en sus inicio simbolizado con un yunque, un libro y una pluma, adoptó en los años 70 el puño y la rosa, símbolo acogido previamente por los socialistas franceses tras el mayo del 68. La Internacional, al margen de sus varias versiones adaptadas por los partidos socialista o comunista, está considerado el himno de los trabajadores de todo el mundo. No obstante, en vista de la intranquilidad que parece aquejar a los dirigentes populares, y a fin de velar por la concordia y la convivencia política, propongo a la dirección nacional de nuestro partido que encomiende a los ideólogos de la FAES la elaboración de un código deontológico, que recoja que símbolos podemos o no utilizar los socialistas en nuestros actos públicos.

Pero obviando el componente humorístico y centrándonos en el trasfondo del asunto, tengo la sospecha de que detrás de estas insólitas ocurrencias tan mediaticamente escenificadas, bajo ese fingido estupor por algo tan trivial que viene repitiéndose durante años, se oculta una cuestión de mucho más calado: el propósito deliberado de la derecha de caminar hacia la uniformidad ideológica. Hacia la consecución de su ideal de una sociedad encaminada al pensamiento único, los líderes de la derecha no escatiman oportunidades para promulgar su modelo de sociedad carente de ideologías antagónicas, tratando de infundir en la ciudadanía la idea de que la izquierda y la derecha son conceptos anticuados, que no existen diferencias de calado entre las políticas de unos y de otros, que todo es lo mismo… Y para lograr su objetivo no dudan en emplean grotescas artimañas para intentar deslegitimar nuestros símbolos, nuestros referentes, nuestra identidad…

En nuestra mano está que fracasen en sus objetivos. Manteniéndonos fieles a nuestro código ético, reafirmando nuestras convicciones, fortaleciendo nuestro perfil ideológico y nuestras señas de identidad como partido de izquierdas, podremos acreditar por que hemos conseguido mantener la confianza de los ciudadanos y las ciudadanas, incluso en los momentos más difíciles, a lo largo de nuestros 130 años de historia. Al contrario que tantos miembros de la derecha que reniegan en voz alta de su ideología (siempre me he preguntado por qué la derecha española niega ser de derechas), nosotros no nos avergonzamos de lo que somos, ni negamos nuestra identidad ni nuestra historia. Por eso levantamos el puño si nos apetece y cantamos La Internacional cuando se nos antoja, mientras otros no se atreven a levantar la mano y cantar el Cara al Sol, aunque se mueran de ganas de hacerlo. Y así seguiremos, pese a quien pese.

Publicado por Belén Meneses

3 de septiembre de 2009

Los impuestos, un mal necesario


El artículo 1º. del Título Preliminar de la Constitución Española de 1978 dice: “España se constituye en un Estado social y democrático de derecho”. Todos entendemos que el legislador quiso decir con Estado Social aquel en el que todos los ciudadanos contribuyen en la justa medida de sus posibilidades al correcto sostenimiento del Estado. Y al decir sostener el Estado no me refiero solo al mantenimiento de las administraciones, sino al Estado del Bienestar que en España disfrutamos actualmente.

Hay situaciones cotidianas a las que, por comunes o habituales, no les concedemos ninguna importancia, pero la tienen ¡y mucha! Por ejemplo, la cobertura sanitaria a la totalidad de la población; el progreso en el sistema de pensiones; las prestaciones por enfermedad o desempleo; la educación obligatoria y subvencionada o gratuita hasta los 16 años; la educación superior en universidades públicas; la ampliación de la red viaria con abundantes autovías libres de peaje; las prestaciones económicas de tipo social (guarderías municipales, residencias para la tercera edad, ayudas económicas a la maternidad, ley de dependencia, y un largo etcétera) y, en definitiva, un conjunto de mejoras inimaginables hace tan sólo 40 años.

Paralelamente hay que entender y tener muy claro que para conseguir y mantener todo lo anterior, los gobiernos sólo tienen un medio: el sistema impositivo, es decir, LOS IMPUESTOS. A todos nos disgusta pagar el IVA en cada artículo que consumimos. Cuando llega la época de declarar el IRPF andamos como posesos recordando y buscando gastos o inversiones que nos puedan desgravar. Y lo mismo se puede aplicar a los tributos de carácter local (IBI, basuras, etc.). En resumen, en todo Estado moderno los impuestos son necesarios e imprescindibles, otra cuestión es su control; quién paga, quién no paga, las bolsas de fraude fiscal, los paraísos fiscales, etc. Es una lucha constante de todos los gobiernos erradicar, o al menos paliar, la figura del ciudadano que además de no pagar, se enorgullece de ello.

Hay un claro ejemplo de la enorme utilidad social de los impuestos. En nuestro país, escuchamos decir con frecuencia que con el régimen anterior apenas se pagaban impuestos, y es cierto, ya que prácticamente no había ninguna prestación social. Si no se atendían las necesidades de la población, no era necesario ningún tipo de recaudación. Pero, ¿verdad que no es eso a lo que aspiramos?

En una situación económica como la actual, en la cual se producen cierres de empresas, ERE’s que afectan a muchos trabajadores, pérdida del poder adquisitivo y reducción del consumo, las administraciones ven recortados seriamente sus ingresos, con lo cual es de lógica elemental que el Gobierno, para intentar mantener todas las prestaciones sociales descritas anteriormente, recurra al incremento (puntual y temporal) de determinados impuestos. Es de justicia social hacer cumplir el viejo axioma de “que pague más quien más tiene”.

Naturalmente que la oposición brama, ruge y vocifera alegando la incompetencia del actual equipo de gobierno y que, por supuesto, si estuviesen ellos en el poder, no sólo estaría la crisis totalmente resuelta sino que “ataríamos los perros con longanizas”. Quizá habría que recordarles quien originó la actual crisis, depresión, deflación o como quieran llamarla.No obstante y aprovechando esta justificación a la campaña fiscal del actual gobierno, quisiera introducir una reflexión por si algún político leyese estas líneas. Transcurridos ya 30 años de ayuntamientos democráticos, y teniendo en cuenta que los actuales regidores y regidoras cuentan con un buen bagaje empírico e intelectual, sería el momento que, a imitación de los países del norte de Europa, se transfiriese a los gobiernos locales la prestación de muchos servicios que actualmente dependen de los gobiernos centrales y autonómicos (que en muchas ocasiones son desempeñados de hecho por los propios ayuntamientos), con la consiguiente capacidad recaudatoria.

Publicado por José Segura

1 de septiembre de 2009

El PP y su insufrible canción del verano

Uno de los pequeños inconvenientes de la época estival, junto a los fastidiosos mosquitos y las insoportables noches de asfixiante calor, es, sin duda, la canción del verano. Esa melodía machacona y cansina que nos persigue y atormenta llegando a convertirse en un verdadero suplicio para nuestros oídos; que nos vemos obligados a escuchar nos guste o no; que suena en cualquier parte y a todas horas, acompañada de ridículos bailes o de coreografías imposibles. Pues bien, en este sofocante verano del 2009, todos los intérpretes del partido supuestamente liderado por Mariano Rajoy, se han entregado con fervoroso afán a la tarea de mortificarnos en nuestras merecidas vacaciones veraniegas, con su insufrible y estridente cancioncilla del verano.

Como un coro desafinado y patético, los Rajoy, Cospedal, Arenas, Trillo & Company, nos han torturado con su machacona cantinela de partido perseguido y hostigado por jueces, fiscales y policías al servicio del Gobierno socialista y su régimen dictatorial, hasta chirriarnos los oídos con sus irritantes estribillos. “Rubalcaba nos vigila, Zapatero nos asedia, De la Vega nos acosa… Socialistas a la rue, populares al poder y a otra cosa mariposa”. Noches y días soportando la misma matraca en terrazas, campings y chiringuitos de playa.

No es que nos haya pillado por sorpresa las recurrentes y burdas intrigas conspirativas del Partido Popular. Ya sufrimos sus intrigantes maquinaciones en torno a la masacre del 11 de marzo que precedió a la victoria del Partido Socialista en las elecciones generales de 2004, nunca asumida por los populares y sus medios afines. Durante casi cuatro años nos levantamos cada mañana con sus desiertos lejanos, montañas remotas, falsas mochilas y cassettes de la Orquesta Mondragón como pruebas inapelables de la conspiración entre ETA, Zapatero, el rey de Marruecos, la policía e Iñaki Gabilondo, con el único propósito de desalojar al Partido Popular del poder, que, como todos sabemos, les pertenece por designación divina. Y cuando sus delirantes fantasías parecían cosa del pasado, vuelven a retomar de nuevo sus paranoicas teorías para intentar convencernos de la infinita mezquindad del pérfido ZP que no tiene otro objetivo en la vida que destruir a su enemigo, el honrado y bondadoso Mariano Rajoy. Y si no fuera porque se trata de un partido político supuestamente serio con un presunto líder que aspira a presidir este país, sería para morirse de risa.

Afortunadamente, la fortaleza de nuestro Estado de derecho está por encima de las mamarrachadas y las rabietas del Partido Popular; sin embargo, eso no quita para que sus difamaciones y sus falsedades deban quedar impunes. Se han vertido acusaciones demasiado serias contra nuestras instituciones democráticas como para permanecer impasibles ante esa política goebbeliana de mentiras y manipulación en la que los dirigentes populares se sienten como peces en el agua. Por responsabilidad e higiene democráticas, la fiscalía del Estado debería intervenir para que las canciones veraniegas del PP no vuelvan a torturar nuestros oídos hasta incrustarse en nuestro cerebro y deshacerlo. Porque en política, no todo vale.

Publicado por Belén Meneses

26 de junio de 2009

Adiós a un hombre bueno


El pasado 19 de junio nos dejó para siempre Vicente Ferrer. Su desaparición supone quedarnos sin alguien que, sin duda alguna, pasará a engrosar y dar brillantez a la reducida lista de Grandes Figuras de la Humanidad. Nosotros, los firmantes de este escrito, queremos aportar nuestro humildísimo homenaje a una persona magnífica, excepcional, grandiosa, humanista, tolerante, solidaria…

De su intensa biografía, destaca su infancia en Barcelona, su militancia en el POUM, la llamada a filas del bando republicano durante la Guerra Civil cuando sólo contaba 16 años, su internamiento en los campos de concentración de Argelés-Sur-Mer en Francia y el de Betanzos en Galicia, los estudios inacabados de Derecho y sobre todo, el viaje a la India que marcaría su vida.

Vicente Ferrer optó por la Compañía de Jesús para desempeñar su vocación de ayuda a los demás, sin embargo, ante la disyuntiva de elegir entre el celibato obligado impuesto por la Iglesia católica (además de algunas divergencias surgidas con los dirigentes de la Orden) o la posibilidad de formar una familia, optó por lo segundo. En 1970 se casó con la periodista inglesa Anne Perry, con quien tendría tres hijos y compartiría una vida de trabajo y entrega a los más necesitados.

El tratamiento mediático que se ha dado a la vida y la muerte de Vicente Ferrer, merece una profunda reflexión. Mientras la figura de este hombre ejemplar pasa casi de puntillas por todos los medios de comunicación, la de los deportistas supermillonarios es ensalzada hasta la saciedad por toda la prensa escrita y audiovisual, anteponiendo el culto a un materialismo salvaje a los valores de humildad, solidaridad y ayuda al prójimo. ¿Es ese el mensaje que queremos transmitir a nuestra juventud? ¿Es el ejemplo de sociedad que queremos legar a nuestros descendientes?

Hay ya voces que piden su canonización y toman posiciones para la concesión del Nobel de la Paz. Nosotros, modestamente, proponemos que dejen la figura de Vicente Ferrer en paz, puesto que sería una terrible injusticia colocarlo en un plano de igualdad con personajes tan siniestros como José Mª. Escrivá de Balaguer o Henry Kissinger. Vicente Ferrer está donde tiene que estar, muy por encima de santos y nobeles.

Publicado por: Belén Meneses y José Segura

19 de mayo de 2009

La oposición también tiene su obligación con la ciudadanía

Igual que hay diferentes maneras de gobernar, existen también formas antagónicas de entender la labor de oposición. Una sería responsable, madura y reflexiva que, sin renunciar a la crítica necesaria y legitima, persigue el bienestar de la ciudadanía por encima de objetivos partidistas, y otra es la que viene practicando el grupo de IC-EUiA en el ayuntamiento de Rubí, cuyo único propósito parece ser erosionar la labor del equipo de gobierno, renunciando al rigor, a la sensatez, e incluso, a la verdad.

El grupo municipal de ICV-EUiA lleva días realizando declaraciones a los medios de comunicación, denunciando lo que, según ellos, constituye una “auténtica estafa” para los ciudadanos y las ciudadanas de Rubí. Imprudentemente, aseguran que el precio de los pisos de protección oficial que se construyen en Sant Jordi Park, están por encima del precio de mercado.

Aunque presuponemos que las declaraciones de Iniciativa son fruto de la ignorancia y la inexperiencia, y no de la mala fe, todos los miembros de ICV-EUiA deberían tomar conciencia de que su compromiso con la ciudadanía exige aparcar la demagogia y no crear falsas alarmas entre la población rubinense, especialmente tratándose de un tema tan sensible como es el acceso a la vivienda.

Para poner las cosas en su sitio y esclarecer las posibles dudas que las declaraciones de ICV-EUiA hayan podido crear entre los ciudadanos y ciudadanas de Rubí, transcribimos a continuación un artículo del portavoz del grupo municipal del PSC, Manolo Velasco, donde el regidor socialista desmonta con datos reales y contrastables las falsedades vertidas por los señores de Iniciativa per Catalunya Verds.

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Pisos de protección de Sant Jordi Parc. La diferencia entre hablar sin saber y saber sin hablar.

Resulta cuanto menos curioso como el Sr. Aguila, regidor de IC del ayuntamiento de Rubí, se posicione en contra respecto a las nuevas promociones de pisos de protección oficial que se van a construir en Rubí. Posiciones obviando los 23 años de gobierno de IC en Rubí, durante los cuales se construyeron cerca de dos centenares de pisos de protección (o sea, un promedio de 8,6 pisos por año o, lo que ellos llaman “hacer una política pública de vivienda”).

Posiciones en contra de favorecer la vivienda de protección oficial, tal como estamos trabajando desde el PSC, con la revisión del POUM para su aprobación definitiva, que el equipo de gobierno aprobó inicialmente junto con otros grupos municipales (entre los que no se incluye IC), donde la programación de este porcentaje de vivienda pública se ha aumentado hasta un 15% sobre el total de viviendas de Rubí, (dicho de otra manera, se aumentaran los pisos de protección oficial en un 2700 % con respecto a la aportación de pisos oficiales que se construyeron durante la etapa de IC y su “política pública de vivienda”).

Y puestos a tomar posiciones, se posicionan también en contra de la horquilla económica que se exige para optar a dichas viviendas. En este punto, tal vez habría que recordarle al Sr. Águila que el límite de ingresos máximos para optar a estas viviendas no lo marca el Ayuntamiento, sino el Departament de Medi Ambient i Habitatge de la Generalitat, gestionada actualmente por sus compañeros de IC. Un paseo por la Web de la Generalitat de los “ecosocialistas” es suficiente para descubrir, por ejemplo:

“Venda

Si es tracta d'habitatges amb protecció oficial de venda, el límit d'ingressos és diferent segons al tipus de protecció a què es vulgui accedir:
- règim especial:
2,5 vegades l'IPREM (Indicador Públic de Renda d'efectes Múltiples) - règim general: 5,5 vegades l'IPREM - preu concertat: 6,5 vegades l'IPREM

Ese 5,5 veces IPREM es lo que el Sr. Aguila, dentro de su ignorancia, crítica del equipo de Gobierno municipal, desconociendo, o no, que lo que está criticando es el baremo que viene impuesto desde el Departament de Medi Ambient i Habitatge que, vuelvo a repetir, está gestionado por sus compañeros de IC en la Generalitat

Posiciones en contra del precio del metro cuadrado cuando, otra vez vuelven a ser ellos, los responsables de IC en el Departament de Medi Ambient i Habitatge, los que imponen el precio máximo del metro cuadrado. La razón de que al Sr Aguila le salgan unos números que no le cuadran, es tan sencilla (y fácil de contrastar), como que en el precio final de los pisos de Sant Jordi Park se incluyen el garaje y el trastero. Quizás con una consulta al personal de PROURSA, hubiera sido suficiente para no (bienintencionadamente supongo) falsear los números y se le hubiera explicado que los pisos tienen un precio que va desde los 98.770 a los 117.787 € (o sea, de 16.433.945 a 19.598.107 de las antiguas pesetas, muy por debajo de los precios de mercado)

Está claro que la única táctica que tiene IC es POSICIONARSE EN CONTRA de la construcción de pisos de protección oficial, puesto que si son los criterios marcados lo que tanto les disgusta, lo tienen muy sencillo: convencer a sus compañeros de partido en la Generalitat para que los modifiquen. A no ser que su política de vivienda pase por hacer, (como ya se insinúo desde algún ámbito supramunicipal) un Área Residencial Estratégica (ARE) en Can Ramoneda o sus alrededores. Quizás la próxima vez que critique alguna medida del Gobierno municipal en temas de vivienda, sería preceptivo consultar antes con sus “primos” de la Generalitat para no volver a meter la pata con acusaciones sin fundamento.


Manolo Velasco
Portavoz del Grupo Municipal del PSC de Rubí

17 de marzo de 2009

130 años de historia

En el transcurso del viaje que el pasado 14 de marzo los socialistas de Rubí realizamos a Madrid para visitar el Congreso de los Diputados, era ineludible el paso por Casa Labra, la taberna donde hace 130 años un grupo de veinticinco hombres encabezados por Pablo Iglesias, un joven tipógrafo de 28 años, decidieron fundar un partido político con el objetivo principal de luchar por la emancipación social de los trabajadores, cuyas condiciones de vida transcurrían entre el hacinamiento, la insalubridad y las jornadas extenuantes de trabajo, a cambio de míseros salarios y unos exiguos derechos.

Difícilmente, aquel pequeño núcleo fundacional del Partido Socialista Obrero Español podría siquiera imaginar la trascendencia que aquella primera reunión, celebrada clandestinamente para eludir la ley, tendría para el futuro de su país. Intuir el protagonismo y la relevancia que ese embrión de partido político tendría en la historia de España, hubiera producido vértigo en aquellos veinticinco idealistas con pretensiones de conseguir un mundo más justo y una sociedad más igualitaria.

En la actualidad, con ciento treinta años de historia a sus espaldas, el Partido Socialista supera los 400.000 afiliados y afiliadas, y cuenta con el respaldo en las urnas de más de once millones de ciudadanos y ciudadanas. Desde su fundación, el Partido Socialista, que ha conocido tiempos de luces y de sombras; alternado periodos de gobierno con épocas de persecución, clandestinidad y exilio; afrontado cambios y renovaciones; superado situaciones conflictivas y crisis internas, nunca ha dejado de estar presente en la sociedad española, constituyéndose en un importante referente para las aspiraciones de libertad y progreso de la ciudadanía. Desde la consecución de la jornada laboral de ocho horas en 1919, pasando por la aprobación del sufragio femenino durante la vigencia de la II República, hasta el desarrollo y consolidación del Estado del bienestar, el Partido Socialista ha sido decisivo en todas las conquistas sociales que se han conseguido en nuestro país, liderando a menudo iniciativas que han contribuido a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y ampliando derechos que han aportado cuotas de más libertad individual y, en consecuencia, para toda la sociedad.

Desde la obtención de su primer diputado hace casi cien años, el Partido Socialista ha mantenido su presencia e incrementado su peso político en las instituciones del Estado. El partido fundado por Pablo iglesias, es la única formación política nacional que ha conservado su representación parlamentaria en cuantas elecciones han sido celebradas en periodos democráticos, evidenciando un amplio respaldo popular incluso en épocas de desaciertos y conflictos, cuando los errores cometidos provocaron la pérdida de confianza de muchos ciudadanos y ciudadanas, traducida en un significativo descenso de apoyo electoral.

Esta confianza de la ciudadanía hacia el Partido Socialista, es fácilmente constatable en el respaldo conseguido en las primeras elecciones democráticas celebradas en 1977 tras la muerte de Franco, donde el PSOE, con la obtención de 118 escaños, conservaría el apoyo popular conseguido durante la II República, a pesar del paréntesis de cuatro décadas de sequía electoral que supuso la dictadura de Franco. Ni el largo exilio de sus cuadros dirigentes, ni la escasa visibilidad del socialismo en los tiempos del franquismo, disuadieron a los votantes de izquierda de decantarse por el proyecto socialista, en detrimento de un Partido Comunista que únicamente logró sumar tres diputados a los diecisiete conseguidos en las elecciones del 16 de febrero de 1936. Sin duda, una gran mayoría del electorado de izquierdas confió en una nueva generación socialista, encabezada por Felipe González, para liderar la difícil tarea de situar a nuestro país en la senda democrática, pero otros muchos, aquellos viejos socialistas que durante los tétricos años del franquismo habían mantenidos sus ideas en lo más profundo de su corazón, aquel 28 de junio de 1977 emitieron su voto con la mirada puesta en el PSOE de Prieto, Besteiro y Largo Caballero.

El PSOE, a lo largo de sus ciento treinta años de vida, ha sido capaz de evolucionar y adaptarse a los cambios que la sociedad exigía en cada momento de la historia. Obviamente, el Partido Socialista de hoy no es el mismo de hace treinta, cincuenta o setenta años, puesto que el mundo es diferente y los problemas que la sociedad actual plantea difieren enormemente de los que afectaban a nuestros antepasados. Sin embargo, a pesar de la necesaria evolución para responder debidamente a los nuevos retos sociales, la identidad del Partido Socialista no se ha visto afectada por el tiempo ni por las circunstancias. La igualdad, la libertad, la solidaridad y la justicia social permanecen como pilares sobres los que se asienta el ideario socialista y su máximo empeño continúa siendo la defensa de los trabajadores, de los más débiles, de los desprotegidos, de los que carecen de oportunidades y de todos aquellos que ven restringidos sus derechos o coartada su libertad.

Y en esta céntrica taberna madrileña fundada en 1860, popular por sus especialidades en bacalao, empezó todo. Entre croquetas furtivas, vinos clandestinos y el compromiso común con la igualdad y la justicia social, veinticinco hombres optaron por tomar partido por los oprimidos y prestar su voz a los trabajadores que subsistían en condiciones de absoluta precariedad. Y en ello seguimos.

Publicado por: Belén Meneses