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13 de febrero de 2009

Sobre lo divino y lo humano


Eluana no quiso esperar. Apenas tres días después de aplicarse la sentencia del Tribunal Supremo italiano que autorizó suspender la nutrición e hidratación artificial que mantuvo su cuerpo aferrado a una cama contra su voluntad y la de su familia durante 6.332 días, a Eluana se le paró el corazón. En esta ocasión, las artimañas del primer ministro italiano para alterar la ley a su voluntad, han sido frustradas.

Aunque Eluana dejó de respirar hace apenas una semana, la vida de la joven italiana se detuvo hace 17 años, cuando un trágico accidente truncó sus sueños, interrumpió sus proyectos y borró para siempre su sonrisa. El 18 de enero de 1992 Eluana dejó de hablar, de moverse, de pensar, de ver, de oír, de sonreír, de sentir, de querer… La vida le abandonó aquella fría noche de invierno porque para vivir, además de estar hay que ser y, fatídicamente, Eluana estaba pero ya no era.

Pero más allá del caso Eluana, de la perseverancia de un padre para hacer cumplir la voluntad de su hija de no prolongar artificialmente su vida, o de las arteras maniobras de Berslusconi para eludir la legalidad, el debate que debemos afrontar alberga un trasfondo mucho más trascendente y profundo. Lo verdaderamente relevante de esta cuestión, está en dónde establecemos los límites de la injerencia en los asuntos civiles por parte de una confesión religiosa. Las leyes son normas de obligado cumplimiento, dispuestas por los hombres para regular la convivencia de todas las personas. Los mandatos, las ceremonias y los ritos religiosos, son preceptos que sólo atañen a los devotos que profesan esa fe.

La Iglesia católica hace más de 2000 años que viene pretendiendo imponer sus verdades absolutas a toda la humanidad. A través de un guía espiritual infalible (y no me refiero a José María Aznar) que es designado a dedo por un espíritu incorpóreo, no han cejado en su empeño de imponer a toda la humanidad su verdad absoluta, fundamentada en la existencia incuestionable de un ente invisible con poder infinito y sobrenatural, que controla nuestras vidas y es dueño del destino de la humanidad entera.

Es muy respetable que los mandatarios de cualquier confesión religiosa traten de persuadir de la autenticidad de su fe al mayor número de personas y aspiren a llenar sus templos de incondicionales y conversos, pero los métodos empleados para catequizar a todos los habitantes del planeta desde que la religión católica fue proclamada como la única y verdadera, han sembrado el mundo durante siglos de sufrimiento, destrucción y muerte.

Además del adoctrinamiento sustentado en el miedo a los terribles sufrimientos que padeceremos los impíos cuando abandonemos el mundo de los vivos, las masacres, los expolios, las intrigas, la caza de brujas y los exterminios de pueblos enteros, han sido fórmulas adoptadas por la Iglesia católica para expandir su credo, a lo largo de la historia.

No olvidemos que en nuestro país, hasta no hace demasiados años, los principios morales, la educación, las reglas de comportamiento, las costumbres y las normas del decoro eran dictados desde los púlpitos. Los curas de la España franquista tenían la potestad de inmiscuirse en la intimidad de las alcobas y un escote demasiado pronunciado o una falda unos centímetros por encima de lo que marcaba el confesor, podía condenar a una mujer al fuego eterno después de muerta o al infierno en vida de la maledicencia, las murmuraciones y las insidias. Siempre me ha fascinado ese desmedido interés de dios por los asuntos de la carne y su obsesión por como vivimos los mortales nuestra sexualidad, que le atribuyen sus representantes en la tierra.

Quiero dejar claro que nada más lejos de mi intención que ofender o despreciar a la confesión católica o a los millones de personas que profesan esa religión, a quienes declaro mi máximo respeto. El cristianismo me parece una de las doctrinas más respetable e incluso comparto algunos de los valores del pensamiento cristiano. Siento una profunda admiración y respeto por todos los hombres y mujeres que, movidos por sus creencias religiosas, dedican su vida a los olvidados, los marginados y los oprimidos de este mundo, de una forma enteramente entregada y altruista. Me parece encomiable la labor de todas las asociaciones religiosas dedicadas a la labor social. Considero dignos de admiración a esos sacerdotes de pueblos y barrios humildes que encauzan su compromiso con la fe católica hacia los más desfavorecidos, y se implican en la vida y los problemas de sus vecinos, alejándose del boato y la fastuosidad de que hacen alarde las máximas autoridades eclesiásticas. Mi reprobación es a esa otra Iglesia que, mientras se arroga la autoridad moral de dar lecciones de honestidad, de compasión, de decencia y de humanidad, bendice a dictadores, santifica a torturadores, favorece la propagación del SIDA, pone trabas a la investigación genética que ayuda a salvar vidas, tolera la pederastia, discrimina a los homosexuales y excluye a la mujer. Esa Iglesia que pretende ignorar que las leyes civiles se dirimen en los parlamentos y las leyes de Dios en los despachos de los dirigentes eclesiásticos. A esa Iglesia que no termina de acepar que, mientras la Constitución debe ser acatada y obedecida por todos, el catecismo sólo obliga a los católicos.

Publicado por: Belén Meneses

2 comentarios:

  1. mi madre nunca ha podido superar el miedo que les causaba a ella y sus hermanos el parroco de su barrio. Casi tanto como la guardia civil, hoy no pude ver a los curar ni en pintura

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  2. Hem de tenir en compte que l´Església porta 1.700 anys fent i desfent. Recomano a tothom que es llegeixi la novel.la de Gore Vidal "Juliano el Apóstata". En ella ja es reflexa com des dels inicis del cristianisme com a religió preponderant (a Bizanci) els ortodoxes cristians tenen en el punt de mira els helenitzats intel.lectuals del moment, ja que no comulguen amb els dogmes que l´Església tracta d´imposar en la legislació.
    El cas italià, dins l´enorme complexitat ètico-legal de l´assumpte (com regulem l´eutanasia i quin pes legal donem al testament vital), té tres elements distorsionadors que han amplificat la problemàtica: el primer, el Vaticà. Si aquí a Espanya el Vaticà fa emergir els seus tentacles des de les profunditats i es transmuta en la patètica figura de la Comferència Episcopal i en els psicòpates amb micròfon que tenen en nòmina, imagineu-vos allà, amb un Estat propi, un diari propi i dues o tres emisssores de ràdio integristes). El segon factor: un govern anòmal en la seva legitimitat com és el de Berlusconi, capaç de legislar "pret-a-porter", capaç d´incitar a l´odi racial i a la xenofòbia contra l´immigrant i, sobretot, capaç d´immiscuir-se en la vida privada d´una persona i una familia destrossades des de fa 18 anys amb una obscenitat i un matonisme propis de la més remota vil.la sèrbo-croata. I, no ens enganyem: el tercer factor rau en la desmessura i el exhibicionisme consustancial a qualsevol debat en el que participin dos italians. I si a sobre aquest debat és públic, doncs ja tenim el foc i la benzina.

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